viernes, 1 de diciembre de 2017

Yo estaba en casa olvidado. Esto es un impulso personal para mí

Hace algo más de cien años se fundó en Cádiz un club de fútbol. Un deporte que, décadas más tarde, desbancaría todos los demás competidores que osaran arrebatarle la corona. Mas el equipo que en la antigua Gadir se había formado, no desbancaría a ningún otro, sino más bien sería a él al que todos pasaran por encima, sin permiso, y sin piedad. Sería en Cádiz también donde emergería una afición capaz de contagiar a los jugadores de su locura, de emocionarse con cada partido que se jugara, Ver Sorteo Mundial 2018 EN VIVO de cantar hasta perder la voz, la razón, y las fuerzas. Fue entonces en la Tacita de Plata donde, después de un siglo y mil decepciones, aparecería un nuevo líder que llevara al amarillo a soñar y a llorar, pero esta vez, de alegría. Y eso que su camino nunca fue sencillo, ya que en su andadura se encontró con algunos que quisieron su marcha antes de tiempo, sin darle respeto a su trabajo, ni tiempo a que este diese sus frutos. Ese es, precisamente el tema que se pretende abordar, el tiempo.
Capítulo 1. Cómo cualquier tiempo pasado no fue mejor

"Yo estaba en casa olvidado. Esto es un impulso personal para mí"

En las últimas diez temporadas, ningún entrenador del numeroso grupo de técnicos que han pasado por el banquillo local del Ramón de Carranza ha sido capaz de completar dos años completos y de forma consecutiva. Este dato, no solo contrasta el mal hacer y la escasa fortuna de estos, sino la enorme rapidez con la que los dirigentes cadistas han actuado en contra de los responsables directos de los resultados que semana tras semana, iba cosechando el equipo.

Nombres como García Remón, Antonio Calderón, Javi Gracia, José González, Raúl Agné o Claudio Barragán son algunos ejemplos de promesas que se hicieron para alcanzar altas metas, y sin embargo no llegaron a nada más que a la crítica y posteriormente, al olvido.

En abril de 2016 llegaba a Cádiz Álvaro Cervera. Un míster que llevaba un curso sin entrenar, tras ser destituido del CD Tenerife. Aterrizó en la ciudad con la seguridad de que iba a preparar y reformar al equipo para que este pudiera lograr en mayo el ascenso de categoría. Una ambición tan grande, como el trabajo que tenía por delante con aquel grupo.

Disputó cuatro encuentros de liga regular, donde el equipo mostró muchas carencias y muy pocas virtudes. La confianza en el nuevo entrenador era ínfima, nula. Sin embargo, una vez más, la afición se ilusionó para unos play-offs en los que sentían que lo tenían todo por ganar y casi nada por perder.
Capítulo 2. Cómo el fin sí justifica los medios

"La liga se juega con la cabeza, los play-offs con el corazón"

Ante el asombro de toda España, el Submarino Amarillo venció cinco de los seis partidos, incluyendo victorias en estadios tan complicados como A Malata, el Sardinero y el Rico Pérez de Alicante. La histeria generalizada, el descontrol masificado, el éxtasis de todos aquellos que creyeron, y también de los que no. Cádiz se lanzó a la calle para recibir a sus héroes. La ciudad no terminaba de entender cómo había sucedido tal milagro. Tan solo uno, al cual el tiempo le había dado la razón, conocía el método del triunfo. El entrenador había conformado un bloque compacto, replegado, plenamente defensivo y rápido a la hora de salir a la contra. Una idea que los protagonistas sobre el césped captaron rápidamente y supieron interpretar a la perfección.

En mitad de la alegría y de la lógica confusión del momento, se optó por dar continuidad al proyecto del gran artífice del ansiado ascenso. A muchos les pareció una decisión acertada, y otros opinaron que Cervera no sería capaz de hacer un equipo competente en la que había sido recién bautizada como Liga 1|2|3.